Restaurante Quique Dacosta

La cocina no tiene fronteras pero sí raíces y nosotros ponemos las alas para que la suma de ello proporcione experiencias sensoriales únicas, gastronómicamente imaginativas, evolutivamente vanguardistas e innovadoras.
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Desde que me inicié en la cocina he tenido claros muchos de los valores del oficio, otros los he ido aprendiendo e incorporando con la vida, con el tiempo. Recuerdo conversaciones con mi madre, siendo yo muy joven por entonces, en las que me hablaba del sacrificio personal que tendría que hacer dedicándome a un restaurante.  Pero, ¿qué significado podría darle entonces a aquellas palabras con tan solo 14 años? Porque si lo piensas, una vida entera dedicada a algo no es del todo valorable a esa corta edad. Con el paso de los años te vas dando cuenta de lo que representa aquella recomendación de tu madre: la cocina te lleva, te abraza, te da y te quita por igual, pero te seduce, te enamora y cuando levantas la cabeza ya no hay vuelta atrás, eres preso de ella. Pero más allá de ese sacrificio, esfuerzo o dedicación (en otra época incluso decían “es un oficio muy esclavo”), hemos dignificado la profesión y cada día trabajamos para ello. Vivir y desarrollarse hoy bajo el cobijo de un restaurante es otra cosa y además así se proyecta al mundo (habrá sido por tanto sacrificio...).

Cuando decidí dedicarme a este mundo de los restaurantes tenía claro qué era y que quería ganarme la vida de la forma sencilla que hay detrás del que emprende un negocio humilde y artesano. Dar de comer, beber y servir a los clientes que entran por la puerta y que nos eligen para alimentar su cuerpo y, si ellos nos permiten, ofrecerles alimentar su alma.

Mucho tiempo ha pasado desde el inicio, pero a día de hoy nuestros compromisos son ideológicamente casi los mismos que en los últimos años: el producto como pilar central de la obra en términos físicos. Territorio como signo de nuestro ADN. La tradición y la memoria nos aportan estabilidad y autenticidad. Somos cómplices y nos sentimos con la responsabilidad de representar este pequeño lugar desde la mesa, donde mejor se expresa su gran código identitario.

Nos hemos mimetizado y hecho nuestro el lugar, lo hemos mirado todo y lo hacemos aun con curiosidad, respeto, proximidad y distancia a partes iguales. Seguimos sintiendo curiosidad desde la necesidad de aprender. El conocimiento es una inquietud y una necesidad al mismo tiempo. Somos exploradores, nos apasiona conocer y evolucionar, construir cosas nuevas que nos hagan y te hagan al mismo tiempo sentir y conmovernos de emoción bajo el prisma del hedonismo.

Autorretratos es un paso más. No. Autorretratos es una liberación, un valor que entre una cosa y otra quiere ponerle a la cocina, a nuestra cocina, imaginación como un antídoto a no quedarnos exclusivamente con todo lo construido, por excepcional y maravilloso que sea. Autorretratos es evolución, es aprendizaje y soltarse la melena por momentos, mirando a derecha e izquierda, pero sobre todo adelante, para así poder mirarte a los ojos con franqueza.

Sentir que lo andado durante toda nuestra carrera nos ha servido para llegar hasta aquí, y que a la hora de la verdad no tenemos mejor plan que cocinar durante muchos años, asumiendo que las siguientes tres horas Autorretratos te aproximará a la boca lo que somos, lo que sentimos, lo que nos gusta. Ofrecerte así lo que consigue emocionarnos en ese humano y sencillo ejercicio que es dar de comer, beber y servir a otro.

Autorretratos es el adiós a la monotonía, al monopolio que nosotros mismos hemos creado, y que necesita de la complicidad de nuestra imaginación ahora más que nunca para seguir evolucionando. Autorretratos reflexiona que el producto es esencial, pero no lo único. Que la técnica es importante, pero no central. Que las tradiciones son importantes, y gracias a los dioses tenemos una tradición amplia y plural, pero sobre todo que nos permitan crecer. Que el territorio es nuestro ADN, pero que lo ilustramos cada día. Que lo ancestral es una inspiración, pero no lo hemos vivido en primera persona y casi es solo eso, una inspiración idealizada en estos tiempos. Que para atrás (lo aprendido) no hay que tirar ni para tomar impulso. Que aquí estamos para mirarnos al espejo y ponerle a la vida imaginación porque si no todo pierde el sentido mágico de la cocina. Vamos a intentarlo.

Cada plato me retrata. A mí, a este equipo. Sí, pero también a ti. Come y mírate ¿Cómo te ves?


 

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